Añoranzas (completo)

Anduve en pueblos pequeños
y en ciudades populosas;
me perdí por mil caminos,
y en las calles rumorosas,
me envolvieron de cariño
mil chiquillas buenasmozas.

Mi corazón se ha quedado
de tanta emoción y olvido,
como arnero perforado
por las fechas de Cupido.

Y en esto de andar y andar
con mi guitarra y mi canto
tuve pena y dicha al par;
y por si quieren saberlo
hallé corazón de amigos,
ternura y afecto firme;
pero un rato sin quererlo.
hice mi quipe para irme.

Mi alma quedó de repente
repartida entre la gente,
por eso con gran tristeza;
crucé senderos de abrojos;
y agachando la cabeza
la pena sequé en mis ojos.

En verdad, de todo lado
me alejo con gran congoja;
más se adormece el costado
cuando me regreso a Loja.

Donde al nacer la mañana
nos despierta algún chilalo
y envidiosa la sucaca
desde una planta de luma
le contesta ronca y tosca;
y entre las ramas esbeltas
de una pomarrosa en flor
se oyen trinar las chirocas
en las mañanas de sol.

Suipes, guishcos y bichauches
revuelan por todo lado
y se oye un coro distante
de tordos que han despertado
dándole a bienvenida
al hermoso amanecer.

Oigo la voz de mi madre,
siento sobre mi cabeza
su caricia como un sueño
viéndola con dulce empeño
como nos sirve la mesa.

Venga el tacho de agua hirviendo
y el chucho para filtrar
ese café que en mi tierra
como en ninguna se da.

Venga en sango, venga el molo
también la buena cecina
aunque el cuchilo motolo
ya no la pueda cortar.

Algunos cuentos en versos
nos brindaban los abuelos;
y a la hora del almuerzo
un buen repe y fidigüelos.

Y como en la abuela impera
su manía de chancar
sobre su batán, nos muele
con la múchica ligera
algunas hierbas que suelen
dar buen gusto al paladar.

Se cocinaba con leña
con carbón o con astillas
y se hacía todo en casa,
el pan y la mantequilla.

Con unos chantes pendía
la escusa desde el tumbado,
pues en ella se ponía
el pollo bien adobado,
el queso, carne y morcillas,
para que nunca el mishico
melindroso y avispado
pueda meter el hocico.

Con el afán de mashar
las gallinas recorrían
nuestro huerto familiar;
cuando raspaban, comían
toda clase de gusanos,
zúngaros y algunos granos;
urusungos no tenían,
por eso en su gallinero
muy tranquilas se dormían.

Había un patojo huaco
que hacía de mandadero,
por ser filático y flaco
le decían finfirriche;
era tispo el majadero,
y su pelo negro y duro
como los de un chinicuro;
muy lento para un mandado,
para el tirajebe un as,
a los llangaches en vuelo
se los bajaba en un tas;
en los árboles subía
con muchísima destreza
y las cushas destruía
sin que le diera tristeza;
un día le dieron beta
le chinieron el trasero
porque le quebró el guargüero
al mejor gallo guarico
él se baño de despecho
viringuito en el molino,
se secó con gangocho
y prosiguió su camino.

Pantalón cutungo y quetas,
usábamos de chiquillos;
y entrábamos en las huertas
abriendo grandes portillos.

Aún en mi boca existe
dulzor de frutas silvestres
que Dios nos dio sabiamente
y sin que nada nos cueste;
se cogía a manos llenas
los quiques y las joyapas
y también eran muy buenas,
las moras y las salapas.

Con Luis Pineda una tarde
nos comimos frutas verdes
zúparas, sosas y gamas,
pero como eran ajenas
nos parecieron muy buenas;
por poco me voy a al nicho,
me dio tremenda lipidia,
él casi muere con güicho,
por comer panela y media.

Recuerdo muy claramente
que en noche muy fría
mientras estaba la gente
ocupada en el rosario:
un hombre de mala traza,
andaba rondando el barrio
y con sus llaves hechizas
quiso robar en la casa;
como había sido virolo
abrió la puerta del sastre;
me lo dejó sin un traste,
se le llevó las camisas,
los bujingos y la plancha
y si es que no se la arrachancha
se la lleva a su señora,
que se levantó a esa hora
a pichir para ir a misa.

Lluste, descalzo y sin fiambre,
asomó un niño verraco;
para mitigar su hambre,
le dimos bollos y shungos;
y un pantalón con un saco
para que no ande curungo.

Para hacer un buen abono
de huertos y de floreros,
los campesinos sacaban
shusha de los gallineros;
como crecían las plantas
las jícamas, los arupos,
era hermoso ver con flores
todos los alrededores.

Se me viene a la cabeza
la negra que me gustaba
que con una gran destreza
su cabello destambaba.

Viven en mi pensamiento,
los chasos que tanto quiero
gente de agua, sol y viento
buenos, nobles y sinceros;
son personas sin complejos,
sin prejuicios ni temores;
y si quieren insultarnos
nos dicen alcanfores.

También recuerdo a Contento
con su aguardientosa tripa,
buchido en la llashipa,
brincando de cocha en cocha
pisaba los jimbiricos;
y a su facón mangulero
en alguna piedra tocha
lo afilaba y lo volvía
navaja de peluquero.

Traía el coche más gordo
de la cunga con un lazo,
le desarmaba el tramojo
y el hundía el cuchillazo;
por el aire se esparcía
un berrinchar tan penoso
que al más sordo estremecía.

El animal no podía
moverse a ningún costado
porque estaba apicotado
contra una estanca muy fuerte;
después del largo alarido
Contento ponía a su cliente
una piedra entre los dientes.

Nos sentábamos al ruedo
del coche que lo chaspaban;
y después que lo rapaban
era una delicia el cuero.

Un espectáculo hermoso
para todos los glotones
era ver entre la brasas
la paila de chicharrones.

Se alistaban las chiquillas
para embutir las morcillas,
otras, entre cantos y risas,
rellenaban longanizas;
y entre chanfaina y fritada
tomaba puro la hinchada
para evitar que en la noche
los vaya a patear el coche.

Luego sonaban vihuelas
y voces tan delicadas,
que por ser tan afinadas
nos destemplaban las muelas.

El compadre se ha enojado,
pues lo llamaron tataco
dejando a su lado su saco
peleó como un condenado;
y después de un buen cocacho
un ñeco y un apanche
hinchado y con mala traza
se marchó para su casa.

Una guanchaca ligera
camina sobre el tapial
con un pollo güitiringo
que robó de algún corral.

Todo el mundo se acurruca,
hace dar chirincho el frío,
se escucha en la noche oscura
sólo el murmullo del río.

Se levantan como locos
los mashos de su guarida,
sobre las jergas se tiende
hecho surullo la gente
para quedarse dormida.

Amaneció el tío Shalva
changando de su guitarra,
chinchoso de haber nacido
guapo y con tan linda voz,
por todo el mundo querido,
era el mimado de Dios.

Un amigo de la casa,
que recibió una heredad
para darnos la luyanza
nos llevó a su propiedad,
en su mansión
de bahareque
había comida y orquesta,
y alegría en todas partes
para comenzar la fiesta.

Se percibían los sambates
desde el suelo al soberado;
y se olía penetrante
el náparo en todo lado.

En la cocina ese día,
una chica atolondrada
con la marmita que hervía,
se pringó por descuidada;
con la sopa chirle, chuya
que era la merienda,
se sollamó las dos changas
y aunque estaba muy oronda,
salió corriendo ese rato
solo con chulla zapato.

En la calle un cuto orate
irlingo y de la mala traza
insultaba a todo el mundo
tratándoles de zoquetes;
el muy zopenco empujó
hasta al pobre sacristán
que fue a dar un sopetón
a un cucho lleno de piles,
allí quedó avergonzado,
medio muerto y azorado.

Se salió de los carriles,
el cura y entró al relevo,
le dio el descharche al orate
tomándolo de la jimba
y golpeándolo en el mate;
el loco le chantó un huevo
que chuleco había estado
y el huevo huero quedó
en la calva del prelado;
con jaboncillo y lejía
le lavaron la cabeza,
pero el olor persistía
con muchísima agudeza.

A gozar por un momento
del agua fresca del río
nos íbamos a Jipiro
o también al Boquerón
y con las tulpas del río
se formaban un buen fogón,
para hacer la carne asada
mazmorra, mermelada,
el arroz-seco sin cushmas
y freír las empanadas
hábilmente repulgadas.

Para atizar el brasero
y para unir los tizones
usaban un hurgunero,
y soplaban los carbones;
y se cocían los granos,
que sacaban con las manos
desamarrando torzales
de talegas y morrales.

En una shigra venía
para aguantar el ayuno,
máchica, tintura, chuno,
alfeñiques, bocadillos,
masapanes y quesillos,
sarandajas y cuajada.

Se revenían las melcochas,
la comida nos mishiba
todo se desperdiciaba.
A escondidas los pelados
y sin que nadie lo note,
se comían por puñados
la mapagüira con mote.

Después de comer, jugaban
con jurupes a la moña
y aunque tenían por montones
por un chereco peleaban
porque el más guincho ganaba.

Arastrándose en el suelo
rejuntando las tapillas
rompían los pantalones
y enseñaban las rodillas.

Se enfermaron dos mocosos
porque comieron piñón,
y torcidos como cusos
lamentaban su dolor.

Un muchahcito taroso
regó dos potos de puro
y con un chirrión bien grueso
sus padres le dieron duro.

Apenas cantan los gallos,
se mira a los campesinos
en esmirriados caballos
cruzando por los caminos.

Fumándose un buen chamico
distraen sus soledades
y tocando el rondador
sueñan un tiempo mejor.

Usan un pantalón joto,
un poncho rojo encendido,
y un sombrero de paja
sobre su rostro sufrido.

Se bajan en las vertientes,
toman agua con la mano
y quedan como chirotes
cuando mojan su cabeza,
para quitar la pereza.

A veces llevan tarallas
maní, café o cañabravas
y atadas como soberna
de repente van las habas.

En la oficina reunidos,
de noche los campesinos
contaban de aparecidos
que vieron por los caminos.

Dijo un cholo al relatar
que vio tan de cerca a un shiro
que le pudo hasta contar
los dientes cuchiquiros.

Contó un paisano miedoso,
que chiflón lo tiró al suelo
al pasar frente a la casa
donde hace tiempo hubo un duelo.

Otro dijo por su lado,
que al pasar por una tranca
agüaitó por un costado
y miró arder una huaca.

También contó otro fulano,
que con un tridente güiro
pasó el diablo por su lado
soasándolo todo el cuero.

En la curva antes del puente
donde se murió un chulío,
dicen que se oye un lamento
que hace dar escalofrío.

Y otro dijo muy seguro
que miró a la luterana
con un pañolón oscuro
pasar frente a su ventana.

Se habló del carro del diablo
y del cura sin cabeza
que a mucha gente del pueblo
la tomaron por sorpresa.

Dijo un petaco asustado:
me chuqué con un picante
al ver un duende metido
en un rangalido estante.

Al final gritó un valiente
endúrense, compañeros
que no hay que ser maletas;
crucen de noche las huertas
adivinando el sendero;
no hay que asustarse de nada,
los muertos duermen en calma,
canten a la madrugada,
que el canto alegra las almas.

Si en la noche cruza un lapo,
corre un tumulle, un cuzumbo,
brinca un añango o un sapo,
un perro negro y shalshungo,
un macanche o un colambo,
un chucurillo o un cuchucho;
el miedo nos hace presa,
vemos alucinaciones,
se nos mete en la cabeza,
que hemos visto a los gagones.

En mi provincia es costumbre
dar un trago, pan y lumbre,
brindar abierta la mano,
a todo al que va pasando.

Es lindo mirar la gente,
caminar alegremente,
y en los parques amishcados
ver a los enamorados.

Un charro con su trinar
queriendo al mundo alegrar
y un cholo con un chicote
poner a su caballo al trote,
mientras se nos pierde el sol
entre nubes de arrebol.

Los puruhaes con sus ventas
bajo e portal hacen cuentas.

En un terrible aguacero,
bajando al barrio alverjero,
el Cubanito se apura
con su carro de dulzura.

En Macará en sol radiante,
acharau dice la gente,
y en Saraguro, caray,
la gente dice achachay.

Hijitico esta es la vida
en mi provincia querida
hay de todo en el lugar
climas del cerro y del mar.

El 18 de noviembre
por orden municipal
se pintan las paredes
y la puerta principal.

Con sapolín y lechada,
relucían las fachadas
y se adornan las calles
desde el cuartel hasta El Valle

En el mercado las compras
nos pasaban bien tirante,
daban vendajes y yapas
porque todo era abundante.

En ese tiempo botaban
el cuntagullo y las patas,
muchas cosas regalaban
y hasta la plata sobraba.

Hoy por cerveza dan mishque,
nos dan gato por conejo,
puro diciendo que es güisqui
sonsonetes por boleros
y venden muebles Luis XV
hechos de los chaguarqueros.

Lindas épocas pasadas,
hoy ya no hay carne ni fruta,
y las vacas asustadas
ya no nos dan ni la shucta.

Hoy, quisiera entretenerme
pichoneando algún caballo
entre los faiques perderme
y atravesar como un rayo
por invernas y caminos.

Volver fatigado a casa,
con niguas, huros, iñucos,
trayendo en las angarillas
amarradas con bejucos:
ramas secas, leña y yescas,
que no se encuentren tan frescas
para poderlas quemar
y la chamiza saltar.

A todos darles paltana
y correr a ver quien gana;
esconderme en algún troje
y entre cujas brincar
hasta hacerlas desarmar.

Con un cungapaño viejo
unas telas percudidas
y con una media rota,
fabricarme una pelota.

Llegar de una cacería,
con un quillillico al hombro
y un patillo en el bolsillo,
el pantalón hecho escombros
sucho ya de tanto andar,
venir con desintería
con arcada y calentura;
y luego de la retada
que papá solía darme,
ver salir como tintura
el agua tibia del baño;
y antes de que yo me seque
mi madre vendrá a brindarme
leche caliente y un queque
para lograr consolarme.

Vestir la mejor parada,
y recibir las medidas,
luego salir a chontear
y con piropos en verso
muchas chicas conquistar.

Yo sé que esto es solo sueño;
ya no volverá el pasado
feliz, tranquilo y risueño
que el tiempo lo ha sepultado.

Para consolar mis males
yo recorro la distancia
las calles y los portales
por donde cruzo mi infancia.

Veo en mi loco delirio
a la Shananga y su quipe,
a la Chinchina y Macario,
al Viejo Vago, al Ishpipe.

Por otro lado pasean,
Guililín y la Lechuza
y el Guaguá con su correa
produce una escaramuza.

Todo esto es solo recuerdo
y me embarga la añoranza,
pero pienso en el retorno
y tengo nueva esperanza.

Cuando veo algún paisano
en la costa o en la sierra,
lo saludo con la mano
y me acerco a ver si puede
contarme algo de la tierra.

Mi corazón siempre ausente
de la ciudad que yo anhelo,
y mi alma en ella presente
porque en ella está mi cielo.

Me llamo Pablo Iván y soy opinólogo

Si, opinólogo y poco tecnificado inclusive.

Desde que me hice cargo de mis opiniones, más de un desaire he recibido y más de un proyecto he concluído satisfactoriamente por propuestas que se iniciaron de opiniones. En un inicio opinar, me parecía demasiado ingenuo, algo inútil, algo solo para para políticos (¡y que políticos!).

Pero, recordando que el poder radica en el pueblo, en las personas; que de una buena o mala opinión deriva la aceptación o rechazo a las autoridades, leyes, etc., pues ahora creo que opinar es una especie de deber-derecho que nos empodera de nuestra comunidad, de nuestros liderazgos. ¡Opine amigo lector!, asúmalo como una responsabilidad y también como un derecho.

La palabra es la más básica y potente de las armas no violentas contra dictadores y violentos, ellos la aborrecen, sueñan con controlarla, direccionarla hacia sus intereses. Los dictadores y violentos detestan tu opinión, de ti solo quieren tu lealtad; una esclavizante lealtad… y nada mas.

Por eso es que esta publicación deseo que se convierta en una invitación a opinar. Amigo lector: ¡diviértase opinando!, «meta las 4 opinando«, discúlpese cuando sea necesario, pero siga opinando. Nunca se calle.

Para esto, siéntase libre de opinar, sienta y disfrute de la libertad de poder contribuir con ideas a mejorar su ciudad; pierda vergüenza de equivocarse, denuncie el despotismo; sea valiente para criticar el abuso de sus representantes.

Obviamente existen mejores niveles de participación que las publicación y difusión de una opinión, la acción es mucho mas necesaria que las palabras y las ideas, pero se empieza por aquí, por decir lo que se piensa.

La acción de «opinar libremente» también incluye cuestionar respetuosa y valientemente nuestras propias ideas. ¿Existe una mejor manera de evolucionar por medio de este raciocinio?

En la actualidad, existen varios espacios para presentar, difundir y compartir ideas y opiniones. A mi me encantan, entre otros espacios, los blogs. Creo que los blogs (bitácoras o diarios personales en la web), aun siguen dando luz a nuevas ideas y opiniones. Esos «malditos» blogs, escritos por esos «malditos» activistas que no se cansan de joder y joder a los dictadores y violentos siguen (y seguirán) inspirando la dignidad, libertad y mejor existencia de los pueblos. Considere opinar. No se calle nunca.

Le invito a leer el mío en:pabloivan.com 

Principios, no personas

Cada debate, conversación o análisis político que participamos en cenas familiares, conversaciones con amigos o en las clases formales de las universidades; incluimos la subjetividad de los «personalismos». A mi criterio, el 90 por ciento de estos diálogos pierden completamente su valor al incluir estos afectos (positivos o negativos) que infunden las personalidades políticas y que no son mas que distractores del criterio veraz y objetivo .

De estos apegos a las personalidades se concluyen falacias tan pobres de fundamento como por ejemplo: «Sino no lo reelegimos, ¿a quién ponemos de reemplazo?«, conclusión muy pobre de análisis, que sale de tanto defender personalismos basados en afectos; que durante años de defender y refinar esa idea, les llevó al convencimiento de que «definitivamente no hay ni habrá otro como X personaje«. Yo a esto le llamo fanatismo pues, ¿en serio no existe nadie más que pueda administrar con principios la cosa pública?

Los que se enamoran del poder necesitan seguidores que se enamoren especialmente de la personalidad de su representante, que hablen y hablen de ella; que sus seguidores piensen, analicen y opinen centrados como tema importante para la ciudad: su personalidad; que jamás se distraigan en preparar nuevas y mejores generaciones, para que al momento de votar parezca que solo existen dos cosas por hacer: votar por x persona por ser “único” o por ser “irreemplazable”; creando un círculo vicioso que le priva oportunidades a las nuevas generaciones de que se involucren en el «arte de servir«.

Cuando me refiero a que debemos actuar orientados hacia principios y no por influencia de personalidades, es cuando tenemos el verdadero poder de hacer la diferencia como ciudadanos, pues esto nos eleva. Pasamos de ser aplaudidores de un personaje a ser críticos, autocríticos, propositivos y proactivos. Practicando principios, actuamos pensando en los demás, en servir, en la honestidad, lo democrático, etc.

Actuando bajo principios, prestamos atención solamente a nuestra conciencia y a lo correcto, independientemente de quién sea el encargado temporal de una institución. Esta práctica, es una de las piedras angulares de la objetividad, así como del criterio veraz. Practicar los principios mas no seguir personalidades, nos conduce hacia un tipo más elevado de lealtad.

Pon a prueba a tu líder. Pregúntate y pregúntale: ¿cuánto ha trabajado por formar generaciones que lo reemplacen?

Recuerda: principios, no personas; los principios son eternos.

Nuestros sueños no caben en sus urnas

¿Somos realmente una sociedad democrática?

democracia
Del lat. tardío democratĭa, y este del gr. δημοκρατία dēmokratía.
1. f. Forma de gobierno en la que el poder político es ejercido por los ciudadanos.
2. f. País cuya forma de gobierno es una democracia.
3. f. Doctrina política según la cual la soberanía reside en el pueblo, que ejerce el poder directamente o por medio de representantes.

Desde las monarquías hasta la actualidad hemos evolucionado hacia una sociedad un tanto más democrática que de alguna forma respeta ciertas decisiones de los ciudadanos a la hora de votar.

Sin embargo si nos detenemos a pensar detalladamente, nuestro actual sistema democrático centra todas nuestras inquietudes y aspiraciones comunes en una persona y no en los destinos a donde realmente queremos llegar o a lo que queremos ser.

¿Alguna vez en la vida algún candidato te preguntó qué ciudad es la que sueñas, necesitas o deseas tener?

Los planes de desarrollo de ciudades no incluyen la voz del principal protagonista que es el ciudadano. En los mejores casos, los arquitectos urbanistas construyen calles bonitas y los economistas tratan de que se utilicen bien los dineros públicos, pero ¿nos preguntan qué ciudad queremos ser de aquí a 10, 20 o 30 años?

No, cada 5 años nos llaman a votar por una persona, no por un proyecto, no por un anhelo. Cuando tomamos la decisión de asignarle un voto a un candidato mas nos enfocamos en su: personalidad o temperamento, en su simpatía o apatía, en resultados de encuestas, en la simpatía o apatía del movimiento que lo respalda. No, nuestros anhelos de ciudad no caben en un voto.

Nuestros sueños son reemplazados por ansias de poder, por decisiones personalistas y lo peor aún es que centran en debate y atención de toda la ciudadanía en los subjetivismos de los candidatos (especialmente en su personalidad). La “democracia” no nos pregunta (ni nos invita a debatir sobre) si deseamos ser una ciudad competitivamente turística, industrial o cultural; no, más bien el sistema nos induce a elegir entre personalidades que parecen ser “buenagentes” que lo permitan todo o “disciplinarios” que no respeten derechos; y luego de ser electos, debemos rezar para que ojalá cumplan lo ofrecido.

¿Te permite una raya en una papeleta, elegir sobre: aumento, disminución o creación de impuestos, gasto público; decidir sobre si nuestro fuerte como ciudad debe ser el turismo, la industria o la cultura?

Instituciones como: SENPLADES coordinan asuntos relacionados como la planificación económica, los GADs proyectan el desarrollo urbano de las ciudades y la Asamblea dicta Leyes y Códigos. Sin embargo su accionar resulta en muchos casos lejano a los auténticos anhelos ciudadanos. Una Ley puede ser el resultado de un capricho gubernamental de controlarlo todo, una ordenanza municipal puede derivarse de las rencillas entre un Alcalde y sus opositores y una planificación realizada por alguien que nació y vivió en Esmeraldas pueda que no contemple las profundas necesidades de un cantón Lojano por citar algunos ejemplos.

Por lo tanto, el sistema democrático actual, luego de votar, vuelca a los candidatos electos de regalones a una especie de rectores no de los planes o proyectos a ejecutar si no de los derechos, anhelos y aspiraciones ciudadanas. Deciden de acuerdo a su personalidad, a las presiones momentáneas de grupos de poder, de acuerdo a presupuestos o de acuerdo a la doctrina de su partido, pero no a una planificación universalmente participativa.

Probablemente elegir un Alcalde o Presidente que dicte la vida y destinos de millones fue una gran idea en tiempos de la Revolución Francesa para dejar de lado monarquías y esclavitudes, pero hoy tenemos nuevos desafíos y necesidades que el actual sistema no resuelve. 

En las propuestas incluyeron sus intereses, pero se olvidaron de nuestros sueños. No, NUESTROS SUEÑOS NO CABEN EN SUS URNAS.

Volar más allá del Villonaco…

Ni el último ni el primer rincón del mundo.

Loja, nuestra campiña, siempre ha estado alejada del resto del mundo por varias razones: al norte con Quito por las malas carreteras; al sur y occidente por un conflicto absurdo con el vecino y al oriente por una interminable selva; además de tener poquísimos vuelos aéreos y escasas tecnologías de comunicación. En estas condiciones es que el pensamiento y cosmovisión lojanos evoluciona dentro de una burbuja con límite el Villonaco. Una cosmovisión hermosa pero limitada; sana pero atemporal, asincrónica; que la ennoblece pero también la retrasa.

Tenemos trabajadores, pero emigran; tenemos cantautores, pero triunfan imitando canciones; futbolistas, artesanos, emprendedores y profesionales que triunfan en cualquier parte fuera de Loja. Por citar algunos ejemplos: en el turismo, un cuencano no vendría a Loja a conocer nuestro patrimonio arquitectónico, ni un guayaquileño a hacer negocios; tampoco galapagueño viajaría por conocer nuestros ríos ni un quiteño a aprender en nuestro parque industrial.

Loja puede ser un destino si logra pensar globalmente para actuar localmente. Pensar globalmente implica entender que “existe un mundo detrás del Villonaco”, que el conocimiento, la experiencia, los mercados, la tecnología de fuera, es inconmensurable frente a lo que tenemos. Si solamente nos enorgullecemos con frases como “en Loja hablamos el mejor castellano del mundo” o tal vez por encerrar un par de jirafas creer que hemos cambiado una identidad turística a nivel internacional, en realidad lo único que lograremos es nuestro atraso.

El lojano necesita ese sacudón para que se le caiga de la mente ciertos chovinismos que nos hacen creer que somos el centro del mundo … ¡si!, como si se tratara de una “terapia para reducir el narcisismo social

Volar más allá del Villonaco le significa al lojano, no dejarse acomplejar por las grandes culturas milenarias ni religiones, le significa no dejarse intimidar por aplastantes imperios de poder y dinero. No dejarse corromper por las bajas pasiones de dictaduras, terrorismos, patriotismos o mecanismos perversos de explotación.

Si va a volar más allá del Villonaco, el lojano metería su ciudad en un alforja, su identidad, su tierra y raíz para ofrecerla al mundo que aún no sabe de su existencia ya que Loja no es ni el último ni el primer rincón del mundo.

A %d blogueros les gusta esto: