¿Somos realmente una sociedad democrática?

democracia
Del lat. tardío democratĭa, y este del gr. δημοκρατία dēmokratía.
1. f. Forma de gobierno en la que el poder político es ejercido por los ciudadanos.
2. f. País cuya forma de gobierno es una democracia.
3. f. Doctrina política según la cual la soberanía reside en el pueblo, que ejerce el poder directamente o por medio de representantes.

Desde las monarquías hasta la actualidad hemos evolucionado hacia una sociedad un tanto más democrática que de alguna forma respeta ciertas decisiones de los ciudadanos a la hora de votar.

Sin embargo si nos detenemos a pensar detalladamente, nuestro actual sistema democrático centra todas nuestras inquietudes y aspiraciones comunes en una persona y no en los destinos a donde realmente queremos llegar o a lo que queremos ser.

¿Alguna vez en la vida algún candidato te preguntó qué ciudad es la que sueñas, necesitas o deseas tener?

Los planes de desarrollo de ciudades no incluyen la voz del principal protagonista que es el ciudadano. En los mejores casos, los arquitectos urbanistas construyen calles bonitas y los economistas tratan de que se utilicen bien los dineros públicos, pero ¿nos preguntan qué ciudad queremos ser de aquí a 10, 20 o 30 años?

No, cada 5 años nos llaman a votar por una persona, no por un proyecto, no por un anhelo. Cuando tomamos la decisión de asignarle un voto a un candidato mas nos enfocamos en su: personalidad o temperamento, en su simpatía o apatía, en resultados de encuestas, en la simpatía o apatía del movimiento que lo respalda. No, nuestros anhelos de ciudad no caben en un voto.

Nuestros sueños son reemplazados por ansias de poder, por decisiones personalistas y lo peor aún es que centran en debate y atención de toda la ciudadanía en los subjetivismos de los candidatos (especialmente en su personalidad). La “democracia” no nos pregunta (ni nos invita a debatir sobre) si deseamos ser una ciudad competitivamente turística, industrial o cultural; no, más bien el sistema nos induce a elegir entre personalidades que parecen ser “buenagentes” que lo permitan todo o “disciplinarios” que no respeten derechos; y luego de ser electos, debemos rezar para que ojalá cumplan lo ofrecido.

¿Te permite una raya en una papeleta, elegir sobre: aumento, disminución o creación de impuestos, gasto público; decidir sobre si nuestro fuerte como ciudad debe ser el turismo, la industria o la cultura?

Instituciones como: SENPLADES coordinan asuntos relacionados como la planificación económica, los GADs proyectan el desarrollo urbano de las ciudades y la Asamblea dicta Leyes y Códigos. Sin embargo su accionar resulta en muchos casos lejano a los auténticos anhelos ciudadanos. Una Ley puede ser el resultado de un capricho gubernamental de controlarlo todo, una ordenanza municipal puede derivarse de las rencillas entre un Alcalde y sus opositores y una planificación realizada por alguien que nació y vivió en Esmeraldas pueda que no contemple las profundas necesidades de un cantón Lojano por citar algunos ejemplos.

Por lo tanto, el sistema democrático actual, luego de votar, vuelca a los candidatos electos de regalones a una especie de rectores no de los planes o proyectos a ejecutar si no de los derechos, anhelos y aspiraciones ciudadanas. Deciden de acuerdo a su personalidad, a las presiones momentáneas de grupos de poder, de acuerdo a presupuestos o de acuerdo a la doctrina de su partido, pero no a una planificación universalmente participativa.

Probablemente elegir un Alcalde o Presidente que dicte la vida y destinos de millones fue una gran idea en tiempos de la Revolución Francesa para dejar de lado monarquías y esclavitudes, pero hoy tenemos nuevos desafíos y necesidades que el actual sistema no resuelve. 

En las propuestas incluyeron sus intereses, pero se olvidaron de nuestros sueños. No, NUESTROS SUEÑOS NO CABEN EN SUS URNAS.