En algún lugar, durante una época difícil y confusa para mí, llegué a necesitar mucha orientación de amigos de confianza. La vida (como en muchas cosas que hasta ahora no entiendo ni entenderé) fue muy generosa al presentarme un grupo muy peculiar de amigos justo en el momento mas oportuno, ¡si!, de esos panas que cuando te pones a conversar terminas arreglando todos los problemas del mundo y sus alrededores, ¡y si!, en escasas 2 o 3 horas que por lo general suelen ser de madrugada.

Llegué a ese lugar y me recibieron muy afectuosamente, pero yo estaba derrotado, sin ánimo para nada, con desahucio profundo. Entonces comenté que quería cambiar muchas cosas que en mi vida andaban mal y alguien me dijo algo que nunca olvidaré: «¡si deseas mejorar tu vida, empieza por lavar tu propia taza de café!», reconozco que eso lastimó mi ego y comodidad porque en esa noche yo era el invitado y se suponía que los invitados no lavan los platos sino los anfitriones, honestamente lo consideré como una falta de respeto; pero pronto pude ver que los grandes cambios siempre empiezan por un Primer Paso. Lavar mi propia taza de café significó «hacerme cargo de mi mismo», es no echarle la culpa al mundo por cosas que no cambiarán por arte de magia. Incluso puedo llegar a afirmar que «lavar mi taza» o «hacerse cargo de nuestras propias acciones/opiniones» es uno de los actos mas irreverentes de un ser humano, porque lo independiza, lo hace crecer, rompe dependencias.

Aquella noche, luego de lavar mi tacita de café, ese “alguien” también se preguntó si la próxima vez podría ayudar no solo a tomar cafecito sino a también calentar agua y filtrarlo … como estaba un poco más tranquilo y era un poco tímido dije si. Esto me llevó a ser útil en aquel lugar, a los pocos días ya pude hacer amigos que llegaban a la mesita del café a conversar de su vida y por algo tan sencillo como filtrar café y escucharlos, me agradecían mucho. Luego me encargaron las llaves del local y después las finanzas y el liderazgo, actitud que pude trasladar a otros aspectos de mi vida.

Si hacemos bien las pequeñas cosas, podremos hacer bien las grandes, una taza limpia inspira tomar un cafecito lojano calentito y eso conduce a otra acción mas trascendente. Por eso creo que esta ciudad ha llegado a ser un gran pueblo por pequeñas cosas que la hacen única. La amistad de los lojanos, su pasión por el arte y la cultura, sus lojanismos, sus leyendas, etc. Esta solidaria ciudad, que se unió para buscar a Emilia, para que la mujer vote, etc.; se la hace empezando desde cosas muy pequeñas.

Esta hermosa ciudad, alejada en todos los sentidos de sus hermanas: Quito, Guayaquil, Cuenca o Piura, lejos del mar y del mundo; puede crecer e independizarse de la eterna queja por la falta de atención y cuidado de sus hermanas mayores. Loja es grande, y por las lejanías existentes creció huérfana de tendencias y modas sociales, pero también creció esperando y esperando respuestas desde el norte, también creció creyendo en caciques “irreemplazables”, “únicos e iluminados”.

Algo tan simple, tan cotidiano como no botar basura a la calle, o arriesgarse a emprender en nuestra propia tierra, algo como dejar de defender personas a ultranza y empezar a practicar principios, a pensar en ciudad, o tal vez cambiar el “lojano come a lojano” por el “lojano apoya lojano”, son actos al alcance de todos y que nos muestra de que por ahí empieza a crecer una ciudad y que puede hacerse cargo de cosas mucho mas grandes.

Si buscas liderazgo, el servicio es el camino.

Dejar un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

A %d blogueros les gusta esto: