Etiqueta: Opinión

Me llamo Pablo Iván y soy opinólogo

Si, opinólogo y poco tecnificado inclusive.

Desde que me hice cargo de mis opiniones, más de un desaire he recibido y más de un proyecto he concluído satisfactoriamente por propuestas que se iniciaron de opiniones. En un inicio opinar, me parecía demasiado ingenuo, algo inútil, algo solo para para políticos (¡y que políticos!).

Pero, recordando que el poder radica en el pueblo, en las personas; que de una buena o mala opinión deriva la aceptación o rechazo a las autoridades, leyes, etc., pues ahora creo que opinar es una especie de deber-derecho que nos empodera de nuestra comunidad, de nuestros liderazgos. ¡Opine amigo lector!, asúmalo como una responsabilidad y también como un derecho.

La palabra es la más básica y potente de las armas no violentas contra dictadores y violentos, ellos la aborrecen, sueñan con controlarla, direccionarla hacia sus intereses. Los dictadores y violentos detestan tu opinión, de ti solo quieren tu lealtad; una esclavizante lealtad… y nada mas.

Por eso es que esta publicación deseo que se convierta en una invitación a opinar. Amigo lector: ¡diviértase opinando!, “meta las 4 opinando“, discúlpese cuando sea necesario, pero siga opinando. Nunca se calle.

Para esto, siéntase libre de opinar, sienta y disfrute de la libertad de poder contribuir con ideas a mejorar su ciudad; pierda vergüenza de equivocarse, denuncie el despotismo; sea valiente para criticar el abuso de sus representantes.

Obviamente existen mejores niveles de participación que las publicación y difusión de una opinión, la acción es mucho mas necesaria que las palabras y las ideas, pero se empieza por aquí, por decir lo que se piensa.

La acción de “opinar libremente” también incluye cuestionar respetuosa y valientemente nuestras propias ideas. ¿Existe una mejor manera de evolucionar por medio de este raciocinio?

En la actualidad, existen varios espacios para presentar, difundir y compartir ideas y opiniones. A mi me encantan, entre otros espacios, los blogs. Creo que los blogs (bitácoras o diarios personales en la web), aun siguen dando luz a nuevas ideas y opiniones. Esos “malditos” blogs, escritos por esos “malditos” activistas que no se cansan de joder y joder a los dictadores y violentos siguen (y seguirán) inspirando la dignidad, libertad y mejor existencia de los pueblos. Considere opinar. No se calle nunca.

Le invito a leer el mío en:pabloivan.com 

Principios, no personas

Cada debate, conversación o análisis político que participamos en cenas familiares, conversaciones con amigos o en las clases formales de las universidades; incluimos la subjetividad de los “personalismos”. A mi criterio, el 90 por ciento de estos diálogos pierden completamente su valor al incluir estos afectos (positivos o negativos) que infunden las personalidades políticas y que no son mas que distractores del criterio veraz y objetivo .

De estos apegos a las personalidades se concluyen falacias tan pobres de fundamento como por ejemplo: “Sino no lo reelegimos, ¿a quién ponemos de reemplazo?“, conclusión muy pobre de análisis, que sale de tanto defender personalismos basados en afectos; que durante años de defender y refinar esa idea, les llevó al convencimiento de que “definitivamente no hay ni habrá otro como X personaje“. Yo a esto le llamo fanatismo pues, ¿en serio no existe nadie más que pueda administrar con principios la cosa pública?

Los que se enamoran del poder necesitan seguidores que se enamoren especialmente de la personalidad de su representante, que hablen y hablen de ella; que sus seguidores piensen, analicen y opinen centrados como tema importante para la ciudad: su personalidad; que jamás se distraigan en preparar nuevas y mejores generaciones, para que al momento de votar parezca que solo existen dos cosas por hacer: votar por x persona por ser “único” o por ser “irreemplazable”; creando un círculo vicioso que le priva oportunidades a las nuevas generaciones de que se involucren en el “arte de servir“.

Cuando me refiero a que debemos actuar orientados hacia principios y no por influencia de personalidades, es cuando tenemos el verdadero poder de hacer la diferencia como ciudadanos, pues esto nos eleva. Pasamos de ser aplaudidores de un personaje a ser críticos, autocríticos, propositivos y proactivos. Practicando principios, actuamos pensando en los demás, en servir, en la honestidad, lo democrático, etc.

Actuando bajo principios, prestamos atención solamente a nuestra conciencia y a lo correcto, independientemente de quién sea el encargado temporal de una institución. Esta práctica, es una de las piedras angulares de la objetividad, así como del criterio veraz. Practicar los principios mas no seguir personalidades, nos conduce hacia un tipo más elevado de lealtad.

Pon a prueba a tu líder. Pregúntate y pregúntale: ¿cuánto ha trabajado por formar generaciones que lo reemplacen?

Recuerda: principios, no personas; los principios son eternos.

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